El intérprete para la danza, comúnmente conocido como bailarín, es el artista que utiliza su cuerpo como instrumento para traducir y dar vida a una idea, emoción o narrativa a través del movimiento. Su rol va más allá de la simple ejecución técnica; es un co-creador que aporta su propia sensibilidad y expresión a la visión del coreógrafo.
Su trabajo principal consiste en aprender, memorizar y perfeccionar secuencias coreográficas, lo que exige una disciplina rigurosa, un entrenamiento físico constante y una gran capacidad de concentración. Durante los ensayos, colabora estrechamente con el coreógrafo para explorar el movimiento, encontrar matices y asegurar que la intención artística sea comunicada de manera auténtica al público.
Esta profesión demanda una profunda conciencia corporal, musicalidad y versatilidad para adaptarse a distintos estilos de danza. El intérprete es el vehículo a través del cual la coreografía cobra sentido y emoción, convirtiéndose en el narrador silencioso que conecta con la audiencia en el escenario, en una producción audiovisual o en cualquier espacio escénico.